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La Guillotine, una cerveza para perder la cabeza


No hace mucho hablábamos de Delirium Tremens, una cerveza que destacaba más por su marketing publicitario que por su propio sabor en sí. Aquella cerveza causó impacto por su etiqueta con elefantes de colores y su botella pintada opaca. De la misma cervecería, Huyghe, es La Guillotine, igualmente espectacular en cuanto a su envase y etiquetado.

cerveza Guillotine

En este caso, al igual que ocurría con la Delirium, la botella está pintada en un color gris opaco, pero en su etiqueta aparece la clásica guillotina que tantos estragos causó durante la Revolución Francesa. Y es que, precisamente, esta cerveza se creó para conmemorar el bicentenario de la toma de la Bastilla.

En Bélgica, de donde es originaria esta Guillotine, beber cerveza es casi una tradición. Y eta tradición se la debemos a los monjes cistercienses trapenses. Ellos fueron los que descubrieron las bondades de estas bebidas, a pesar de que en un principio tenían prohibido el consumo de alcohol. Sin embargo, fue el Concilio de Worms el que abrió un poco esta norma al permitir beber hidromiel en los días festivos. Cuando Carlomagno ordenó mantener un maestro cervecero en cada granja de la región, se dio el pistoletazo de salida a la fabricación masiva de este producto en Francia, Bélgica y Holanda.

La modernidad llegó a las abadías de la mano del marketing. Era tal la competencia que comenzaron a sacarse cervezas que llamaran la atención más por los elementos que la envolvían, como el envase o la etiqueta, que por el producto en sí, y así aparecieron cervezas como la Golden Girl, unas botellas que llevaban en su etiqueta chicas medio desnudas, a las que s les rascaba (como las tarjetas esas de premios) y entonces quedaban totalmente desnudas.

Pero fue la cervecería Huyghe la que rompió moldes cuando en 1985 lanzó la Minty, una cerveza con sabor a menta. Fue tal el éxito que en 1989, aprovechando las celebraciones de la Toma de la Bastilla, creó La Guillotine.

La Guillotine es una cerveza de color cobrizo, tipo ale, y de fermentación en la propia botella. Ésto, junto con su graduación, 9,3º, le confieren un sabor fuerte y pronunciado a malta, aunque al final queda ese regusto típico de esta cervecería a lúpulo. La sensación final que queda en la boca es de amargor, por lo que es una cerveza que se puede muy bien acompañar de frutos secos o queso.

Una curiosidad es que en Bruselas, Huyghe tiene una cervecería llamada Delirium Tremens, en la que puedes degustar todas sus cervezas. Se encuentra en calle Impasse de la Fidelité, s/nº, aunque si además quieres disfrutar de un buen entorno, entonces te aconsejo que la tomes tranquilamente en cualquiera de las muchas cervecerías que hay alrededor de la Grand Place.

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