La sidra, Asturias en nuestra mesa navideña
No hay mesa de Navidad en la que no falte la botella de champagne o cava para brindar al finalizar. Sobre todo en Nochevieja, con esa vieja tradición tan española de comer las uvas al son de cada campanada. Es quizás uno de los momentos mágicos de esa noche tan especial. Poder brindar por un Año Nuevo, y por una vida mejor. Es la hora de las propuestas, de los deseos y de los proyectos futuros.
Pero no todos lo hacen con champagne ni cava. Seguramente, en cada mesa de Navidad habrá siempre, al menos, una botella de sidra.

El zumo fermentado de la manzana, la sidra, es un producto que se consumía ya en la antigüedad los celtas, los griegos y los romanos. Estrabón ya habló en el año 60 a.C. de un producto similar a la sidra cuando habla de Asturias. Son muchos los documentos que se conservan de la Edad Media en la que se mencionan los pomarales asturianos, como el de la fundación del Monasterio de San Vicente en el año 781, o en los documentos visigodos en los que se habla de la sicer. Incluso, Gonzalo de Berceo la mencionó con su actual término, castellanizado, sizra.
Es el otoño cuando empieza la temporada de la sidra con la recolección de la fruta. Estas se llevan a los lagares donde son prensadas y trituradas. Las manzanas se echan en los duernos donde son machacadas con unos mazos que se llaman mayos. Los restos de la manzana ya triturada o magayos se retiran y se guardan en maseras, unos recipientes de madera donde se dejan antes de ser pisados al día siguiente. Son prensadas entre vigas de maderas y el resultado de esa prensa es el zumo de manzana, una sidra dulce que se deposite en las pipas, unos recipientes de 450 litros. el proceso de prensado dura unos seis o siete días.
La sidra, depositada en toneles, se mantiene allí unos 6 meses para su fermentación, tiempo en el que constantemente, por la tapa, expulsará los gases y una espuma un tanto sucia. Para evitar que la fermentación se detenga, continuamente hay que andar llenando los toneles en la misma cantidad en que va saliendo ese gas y espuma. Se suele incluso hacer trasiegos, que es mezclar sidras de distintos toneles para obtener una sidra más homogénea.
La sidra natural tiene un color brillante, amarillo, dorado y finamente verdoso, que presenta pequeñas burbujas y un aspecto denso. Al olfato es limpio, a manzana, e incluso algunos componente cítricos. En la fase gustativa, la sidra tiene un sabor seco inicial, pero se prolonga en boca.
La sidra natural es un producto específico para acompañarlo, sobre todo, de mariscos y pescados.
Huelga decirlo, pero la sidra es un producto típico asturiano, donde no se precisa esperar a Navidad para escanciarlo. Y Nava la comarca por excelencia de la sidra. Allí, situada en el mismo centro de Asturias, se encuentra este pequeño concejo, en un ambiente típico de caseríos, de aldeas y prados, de vacas y largos pomarales.
Un lugar que además alberga su principal atracción: el Museo de la Sidra (Ver hoteles en Asturias), donde podremos asistir a todo el proceso de elaboración de la Sidra, así como participar en catas y otras exhibiciones.
- Categorias: Bebidas, La mesa en Navidad, Otras



Comentarios:
4 Comentarios al Artículo: La sidra, Asturias en nuestra mesa navideña