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Espinacas con bechamel

Hoy en Sabor Gourmet, vamos a disfrutar de unas estupendas espinacas con bechamel y os aseguro que nadie dejará nada en el plato.

Como siempre, la receta que te presentamos es muy sencilla de hacer además de ser muy nutritiva.

Las espinacas son una de las verduras más beneficiosas para nuestro organismo ya que nos aportan un gran número de vitaminas (A y B) y minerales necesario para un funcionamiento correcto.

Además, las espinacas son un alimento perfecto porque ayudan a hacer la digestión, disminuyen la presión arterial (estupendo para los que padecen hipertensión) y gracias a su alto contenido en fibra, alivia el estreñimiento.

Ingredientes:

  • 500 gramos de espinacas congeladas
  • Un chorrito de aceite
  • Ajo
  • Sal

Para la bechamel:

  • Dos cucharadas de harina
  • Medio litro de leche
  • Una cucharada de mantequilla o aceite
  • Sal
  • Nuez moscada (opcional)

Preparación

Ponemos una cacerola con agua a hervir y añadimos una cucharadita de sal.

Cuando el agua esté hirviendo añadimos las espinacas congeladas y lo dejamos cocer alrededor de 10 minutos, en los que se habrán descongelado perfectamente las espinacas. Por supuesto, si esto no fuera así, lo dejamos un poco más de tiempo al fuego.

Escurrimos las espinacas para que suelten todo el agua, en un principio podemos dejar que el agua caiga sola, pero luego, es preferible ayudarse de una cuchara y suavemente ir apretando para que el agua caiga.

Muchas personas habrían dado ya por terminada la preparación de las espinacas y el siguiente paso sería la bechamel.

Pero algo que es opcional, y es lo que hemos hecho hoy, es rehogarlas en una sartén con un diente de ajo cortado en láminas. Esto nos llevará unos breves minutos, probamos de sabor y añadiremos sal sí así es necesario. Después podéis quitar el ajo para que no os moleste a la hora de comer.

A continuación, comenzaríamos con la bechamel.

Como siempre,  escogemos una cacerola o sartén en la que sepamos que es difícil que se nos peguen los alimentos.

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Añadimos el aceite o la mantequilla, según gustos, y esperamos a que esté caliente o bien se derrita.

Añadimos las dos cucharadas de harina y removemos con constancia para que no se pegue, y facilitando que toda la harina absorba la grasa y adquiera un color dorado ante el calor.

En cuanto se ha formado la masa, añadimos la leche poco a poco, para que la vaya absorbiendo. Una vez que no haya leche en la cacerola, volvemos a añadir hasta que se deshagan los grumos.

Para ello podemos utilizar la batidora y vamos echando sal al gusto, o podemos hacerlo con unas varillas a mano. Según el tiempo y la disponibilidad.

Sabremos que está hecha cuando haya perdido todo el sabor a harina y no haya ningún grumo.

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El último paso para la bechamel sería añadir la nuez moscada, muy poquito porque tiene un sabor fuerte.

Para presentarlo tenemos dos opciones, mezclar todos los ingredientes en un mismo recipiente y remover para que quede todo homogéneamente ó, poner en un recipiente las espinacas rehogadas y cubrirlas con la bechamel.

En mi caso lo he juntado todo y ya comprobáis el resultado!