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Pauwel Kwak, una copa de cerveza

La primera vez que tomé esta cerveza reconozco que lo hice única y exclusivamente por el placer de saborearla en esa copa tan particular que tiene.

Curiosamente, hablando con el camarero, amigo mío, me comentaba que la Pauwel Kwak la vendía en el bar por el estilo de ésta; que bastaba poner sobre la barra un par de copas y automáticamente a más de uno se le apetecía tomarla. Lo comprobé in situ, y efectivamente, más de uno picaba.

Es una tontería, cierto, porque quizás sea más apariencia que el placer de saborear una buena cerveza, pero lo que también es cierto es que en marketing todo vale, y la Kwak es una cerveza que se ha hecho famosa por su copa.

Actualmente, la copa se puede comprar en subastas en eBay por hasta 30 euros.

 Pauwel Kwak

¿El sabor? es un sabor fuerte al principio pero es muy fugaz. Dura poco en la boca por lo que realmente no se puede paladear bien. Suavemente dulce, comienza a tornarse seca cuando llevas ya una parte consumida. Esta cerveza está elaborada con tres tipos de malta y es el añadido posterior del lúpulo lo que le da ese toque afrutado inicial. No obstante, esta cerveza es generosa porque aunque sea fugaz deja muy satisfecho y su graduación, 8%, es muy correcta.

El color es pardo claro, cristalino y con un aroma vinoso. Es también muy espumosa, lo que se acentúa también por la forma abocinada de la copa. Por eso, debe servirse con bastante espuma hasta las 3/4 partes de la botella. Cuando se ha evaporado un poco de la espuma inicial, entonces procedemos a echar el resto de la cerveza, de modo que queda un aspecto muy vistoso.

Curiosamente la Pauwel Kwak y su copa tienen una historia que merece la pena contarse. El creador tenía una taberna en Flandes, Bélgica, hacia el año 1800, en la que solían hacer muchas paradas los carruajes. Allí, los pasajeros solían refrescarse con una buena cerveza. Sin embargo, por ley, los palafreneros, conductores de los coches de caballos, debían permanecer en el pescante a que los pasajeros terminaran. Por ello, Pauwel Kwak, que así se llamaba el tabernero, tuvo la genial idea de inventar una copa que se pudiera acoplar y fijar en el pescante del carruaje y que así, los conductores también pudieran beber. Aquella copa se patentó, y hoy prácticamente, es la misma en la que aún se sigue sirviendo esta excelente cerveza.

Foto: sudsgear

SaborGourmet.com

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